Todo comenzó por el fin

Las películas irremediablemente empiezan y terminan, pero siempre algo queda de ellas, estando ahí a nuestro alcance, ya sea en una nueva proyección, en un disco duro o en la mismísima memoria.

Este año 2020, entre muchas otras cosas, puso de manifiesto la perdurabilidad de esos objetos audiovisuales que cuando todo alrededor es silencio y encierro resurgen y es gracias a las películas que nos sumergimos en un mundo poblado y sin tanta distancia que respetar.

Habiéndonos encontrado en un año que nos puso frente a la fragilidad de la vida y reivindicando la potencia cinematográfica, esta nueva edición del Talents Buenos Aires, rinde homenaje a uno de los grandes cineastas de Sudamérica, Luis Ospina, tomando como título la magnífica “Todo comenzó por el fin”.

La película es una hermosa comedia negra donde Ospina aprovecha la posibilidad de morirse para pensar una idea para un nuevo film. O acaso, como bien parece hacernos pensar ¿no será que con mirar atrás las películas que hicimos terminamos concluyendo que en el fondo, siempre hacemos una misma película infinita?

El largometraje es un hermoso retrato de una generación de artistas colombianos que cambió el rumbo de las cosas, que golpeada por un presente cargado de violencia, supo ir más allá de lo preestablecido y encontró en el arte un lugar de resistencia colectiva. Y de allí que también este año nos obligó a preguntarnos con mayor seriedad ¿a dónde irá a parar el cine sin el sagrado rito colectivo en las salas a donde conviven esas toses y paquetes de caramelos que interrumpen con chistidos toda proyección de cine?

Y este año donde la incertidumbre ha llegado para quedarse y por momentos se vuelve inútil intentar creer que podemos controlarlo todo para poder planificar. Los planos que quedan son los del vacío pero también los de la unión por un bien común, por alimentar esa necesidad tan vital de nunca olvidar que las películas que hacemos no son otra cosa que un insistente llamado a decirle algo al otrx.

Nos enorgullece homenajear a un cineasta que no está pero que tanto ha hecho por salirse de ese lugar de cumbre sagrada en el cual podría haberse perpetuado y ser en cambio, un cineasta orgulloso de dudar y de brindarle respeto a sus colegas mientras escuchaba a las nuevas generaciones para aprender de ellas. Se trata de contagiar esa generosidad creativa y nunca olvidarse que en el fin siempre hay un germen de comienzo.

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