Jueves de estrenos, nota especial de Karina Korn TP 2017, sobre Hermia & Helena en la sala Lugones

Ago 17, 2017

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Shakespeare moderno y en dos idiomas

Por Karina Korn

Hermia y Helena (2016), del director argentino Matías Piñeiro, utiliza libremente el universo de Shakespeare para contar una historia dividida entre Buenos Aires y New York.

 

Luego de participar en el film colectivo A propósito de Buenos Aires (2006), y dirigir El hombre robado (2007) y Todos mienten (2009), Matías Piñeiro comenzó a filmar una serie de películas que son una reformulación de las comedias escritas por William Shakespeare. Piñeiro, quien ha traducido al español obras del dramaturgo inglés, ha inspirado sus últimos films –Rosalinda (2010), Viola (2011) y La princesa de Francia (2014)- en Como les guste, Noche de reyes y Trabajos de amor en vano respectivamente. En 2011 se trasladó a Estados Unidos gracias a la beca Radcliffe de la Universidad de Harvard y actualmente vive en la ciudad de Nueva York donde realiza una maestría. Su última producción Hermia y Helena (2016) continúa esta línea shakesperiana, aunque es la primera en ser filmada en suelo estadounidense.

El relato que Piñeiro presenta se desarrolla sin grandes conflictos narrativos, al igual que en sus producciones anteriores, la trama gira en torno a las relaciones humanas y los enredos amorosos. La experiencia del director argentino no se distancia tanto de la del personaje ficticio de Camila (Agustina Muñoz), quien tras haber obtenido una beca en una prestigiosa residencia, se muda a New York para traducir Sueño de una noche de verano al español. En Buenos Aires quedan Carmen (María Villar), una amiga que volvió a Argentina luego de haber concluido la misma beca, su novio, su hermana y varios afectos. La historia salta de forma no cronológica entre los últimos días de Camila en su ciudad natal y aquellos en la residencia estadounidense. Piñeiro empalma ambos lugares mediante fundidos encadenados del puente de Brooklyn y los árboles de la avenida Pedro Goyena. Los vaivenes temporales y espaciales son acompañados por los idiomáticos: la película oscila entre el castellano y el inglés, aunque este último al ser hablado a veces con inconfundible tonada argentina otorga a los diálogos un aire familiar y un ritmo diferente.

Hermia y Helena (2016) al igual que La princesa de Francia (2014) -obra inmediatamente anterior de Piñeiro- comienza con un partido de fútbol que es filmado desde la lejanía. El juego deportivo es acompañado por el sonido de una murga proveniente de una fuente desconocida. Esta escena -que contiene varios elementos que podrían encontrarse en una ciudad argentina- en realidad sucede en Manhattan.

Filmar en New York es un desafío ya que implica enfrentarse a un vasto mundo de referentes cinematográficos. Las películas de Woody Allen podrían ser consideradas como una fuente citada en Hermia y Helena debido al soundtrack compuesto exclusivamente por los ragtimes de Scott Joplin y el guiño al plano de los amantes abrazados en Manhattan (1979). Sin embargo, hay una gran diferencia entre la forma de retratar la ciudad. A Piñeiro no le interesan los lugares emblemáticos, de hecho, podría decirse que si no fuese por una típica salida del subte neoyorquina no estaríamos del todo seguros sobre dónde transcurre el relato.

Hermia y Helena se apropia de la dramaturgia de Shakespeare y la adapta a los tiempos actuales, de forma que el mundo isabelino y las traducciones hechas a mano conviven con las llamadas por Skype. Una de las escenas donde podemos comprobar la libertad de reformulación que Piñeiro maneja es aquella en la que se cumple el hechizo: “Cuando despiertes te colmará el amor más puro al ver los ojos de tu verdadero amor”. Camila, tras una siesta en el parque, es despertada por una llamada telefónica. El efecto es inmediato: ella rechaza al hombre con el que horas antes planeaba tener hijos y se enamora de aquel cuya foto aparece en el identificador de llamadas.

Esta nueva película marca una diferencia con las anteriores ya que aquí los personajes no recitan repetitivamente las líneas del dramaturgo inglés, como si lo hacían las actrices en los ensayos teatrales en Viola (2012). La palabra pasa a ser transmitida en menor medida de forma oral para impregnarse de una mayor cualidad plástica. Las páginas impresas del libro junto con las correcciones manuscritas son filmadas reiteradas veces. A lo largo de toda la película vemos fragmentos de Sueño de una noche de verano llenar la pantalla mientras la voz de Camila los recita, estos textos se sobreimprimen sobre el cuerpo y rostro de la protagonista marcando una pausa en el relato.

La saga shakesperiana de Piñeiro continuará con el cortometraje Porcia (basada en El mercader de Venecia) y con Ariel (sobre La tempestad), largo codirigido con el español Lois Patiño. La colaboración de Patiño, cuyos trabajos no suelen ser argumentales sino más bien una contemplación sobre la naturaleza, podría potenciar una experimentación plástica, característica ya presente en Hermia y Helena. Solo resta esperar por esta nueva película cuyo rodaje ya está en marcha.

 

Ficha técnica

Título original: Hermia & Helena

Año: 2016

País: Argentina

Director: Matías Piñeiro

Guión: Matías Piñeiro

Fotografía: Fernando Lockett, Tommy Davis

Reparto: Agustina Muñoz, María Villar, Mati Diop, Julián Larquier, Keith Poulson, Dan Sallitt, Laura Paredes, Dustin Defa, Gabi Saidón, Romina Paula, Pablo Sigal, Kyle Molzan, Ryan Miyake, Oscar Williams

Productora: Trapecio Cine

Duración: 87 minutos

 

Publicación original en r.MUTT: http://www.revistamutt.com/mutt/audiovisuales/192-shakespeare-moderno-y-en-dos-idiomas

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