El Amparo, una de las películas venezolanas más importantes de los últimos años. Reseña de Patricia Kaiser

Ago 15, 2017

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Patricia Kaiser, Talent Press 2011 nos trae una reseña sobre El Amparo, de Rober Calzadilla, Venezuela, 2016.

 

A la sombra del amparo

El expediente de la lucha anti-guerrillera en nuestro país, ha dejado una estela de crímenes e impunidad, que aún hoy en día se mantienen vigentes. Como bien reza el título del libro de José Vicente Rangel, es un capítulo negro en nuestra historia, que podría repetirse de continuar la indiferencia que sobre ellos pesa.

Bajo la excusa de la persecución de presuntos (palabra mágica que todo lo sostiene) insurgentes armados, se intentó exterminar -y casi con éxito- todo pensamiento de izquierda y también, a todo actor social incómodo para los intereses imperantes. No se trató sólo de una cuestión de carácter ideológico, influyeron también temas tan álgidos como la tenencia de la tierra. Las alianzas entre el poder político y económico, siempre han trabajado para mantener su estatus quo y sus prebendas. Y el ejército, cumplió a cabalidad su función de brazo armado legal, para lograr estos objetivos.

Yumare, Cantaura y El Amparo, son tan sólo algunos de los nombres que aún hoy persisten en la memoria. Sabrá dios cuántos otros pueblos anónimos, quedarán fuera del expediente de la Comisión Contra el Olvido. La memoria es frágil, porque pocas veces reflexionamos sobre cómo opera y qué mecanismos la activan. No se trata sólo de recordar, sino de preguntarnos porqué se jerarquizan ciertos recuerdos sobre otros y qué sistema de legitimación opera en esa jerarquía colectiva, que posteriormente se llamará Historia.

Apure, 1988. El gobierno nacional informa que el Comando Específico José Antonio Páez (Cejap) llevó a cabo la operación Águila III, en contra de un presunto grupo de guerrilleros colombianos que operaban en la frontera entre ambas naciones, y cuyo objetivo era bombardear el campo petrolero de Guapitas. Operación militar perfecta, de no haber sido porque dicha “Masacre de El Amparo” (como terminó pasando a lo anaqueles de vergonzosa historia venezolana), dejó a dos sobrevivientes, quienes aún hoy siguen afirmando una verdad de perogrullo: los 14 tripulantes de la embarcación, no eran sino unos pescadores de la zona, quienes fueron contratados para dirigirse específicamente al Caño La Colorada, donde la pesca era buena y así garantizar un pega decente. Su único delito quizá, más allá de las botellas de ron, fue creer en la buena voluntad del contratista, aliado del poder y quien terminó intentando expiar las culpas a punta de casas y sobres con billetes -igual que el gobierno-.

Sobre esta masacre trata la ópera prima de Rober Calzadilla, escrita por Karim Valecillos, adaptando su propia obra teatral. Sin embargo, el tratamiento dramático, estético e ideológico de Calzadilla, no se enfoca en la dicotomía clásica de presentar víctimas y victimarios, para apuntar dedos acusatorios.

El Amparo trata más bien, de cómo una serie de pobladores -los del referido pueblo- asimilan y aceptan los hechos y sus versiones. El filme pone a sus personajes a accionar -conscientemente o no- las diversas acepciones del verbo amparar: Favorecer, proteger; Valerse del apoyo o protección de alguien o algo; Defenderse, guarecerse.

Los pobladores, los dos sobrevivientes, el comisario de la paupérrima estación de policía, el contratista y dueño del pueblo, los militares, la prensa, la fiscalía, diputados y por sobre todo, las mujeres; pasan los días flotando entre protegerse -y proteger sus intereses- y para ello establecer alianzas no siempre moralmente aceptables. O la opción de defenderse, guarecerse, con la única arma y trinchera de la obstinada verdad de su afirmación: somos pescadores, somos pescadores; o son guerrilleros, son guerrilleros (según el bando que haga sentencia).

En este ampararse constante, transcurre la narración del filme. Una narración donde no pasa nada más. Donde el conflicto es mínimo, porque el interés por el hecho que lo suscita, llega tarde, a destiempo, incomprensible para estos sujetos olvidados de dios, lamentablemente no del poder.

Pero ese no pasar nada del filme, se refleja la manera en cómo hemos construido nuestra memoria, las lógicas que operan para jerarquizar lo que debe ser nombrado y lo que no. A nadie parece importarle mucho nada. Cada quien se va agenciando su amparo como puede. Y nada se juzga como heroicidad o renuncia. No hay lealtades o traiciones. Tampoco hay responsables.

Cuando no hay responsabilidad sobre nuestras acciones, se evita caer en el concepto cristiano de la culpa, que pide sacrificios, inmolaciones y venganzas; pero jamás justicia. Pero también, como consecuencia directa, nos libra de toda inocencia. No ser conscientes bajo qué sombra nos amparamos, no nos exime de la postura tomada, del dolor causado, de la indiferencia que pasará como norma al texto escolar y los anales de la Historia.

No se puede vivir en un amparo eterno. Ni en lo personal, ni en lo social. Y el cine, es uno de los mecanismos más influyentes en la construcción de memoria: jerarquiza temas, personas, hechos y lugares; y también invisibiliza, construye silencios, zonas de oscuridad. Definitivamente, la cámara no sirve como amparo; pero sí como aparato que naturaliza y legitima lo es posible de ser visto y narrado.

En este sentido, El Amparo se hermana con las últimas producciones venezolanas de éxito en Festivales Internacionales, que atestiguan -(in)conscientemente y al amparo de la libertad creativa- la imposibilidad de nombrar y representar la Venezuela actual. En ese sentido, son hijas y deudoras de un momento histórico, que ya veremos cómo lo juzgará el tiempo.

Patricia Kaiser

(Caracas, Venzuela, 1973). Licenciada en Artes, mención Cine (Universidad Central de Venzuela, 1997), Máster en Escritura de Guión para Cine y TV (Universidad Autónoma de Barcelona, España), Curso de postgradro en Gestión de Ciudades y Emprendimientos Culturales -Gestión Cultural- (Universidad Nacional de Córdoba, Argentina). Profesora universitaria de análisis, historia contemporánea de cine y escritura de guiones, desde 1999. Crítica y analista de medios audiovisuales. Ha publicado en revistas y medios nacionales e internacionales, dirigiendo la Revista Encuadre, en su última etapa. Coordinadora Editorial para el Capítulo Venezuela, del Diccionario Iberoamericano de Cine (Sage, España). Ha participado en ponencias nacionales e internacionales, así como jurado en diversos festivales, asesora de Proyectos y de Pitch. Actualmente, conjuga la crítica con la escritura y la asesoría de guiones, el desarrollo y montaje de proyectos culturales; así como la creación de contenidos para diversas plataformas audiovisuales.

Tiene una columna titulada “Comentarios de butaca” en el Semanario Todas Adentro (www.issuu.com/todasadentro). También publica en la Revista ENCine (http://encine.escuelanacionaldecine.com.ve/). Su blog personal eselojodelpezglogo.blogspot.com (http://elojodelpezglobo.blogspot.com/)

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