Incluso en las profundidades hay una luz encendida Por Karina Korn

Jun 09, 2017

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Viejo Calavera es el primer largometraje del director boliviano Kiro Russo. El film está rodado mayormente en la mina de Huanuni (Bolivia), donde los protagonistas trabajan en situaciones riesgosas. La película es una ficción que nos introduce en la vida de Elmer Mamani, un joven alcohólico que debe reemplazar a su padre en la mina luego de que este fallece misteriosamente. Elder no elige seguir la profesión de su progenitor, pero de alguna forma queda atrapado en este mundo en el que no puede (o quiere) adaptarse.

 

¿Por qué situar el relato en una mina? Kiro Russo, quien rodó sus dos primeros cortos en esta locación, afirmó que los mineros no sólo están vinculados a la historia boliviana, sino que forman parte del imaginario nacional, de ahí nace su relevancia de ser filmados. Cabe resaltar que la temática escogida no es novedosa, ya se han visto películas -especialmente documentales- que indagan en el universo minero. Sin embargo, Viejo Calavera no es una película más dentro de las producciones con la misma temática.

 

Viejo Calavera plantea un relato que no busca que el espectador se identifique de lleno con los personajes. El protagonista del film no es un ser que a priori nos caiga simpático, de hecho, tiene varias características asociadas al antihéroe. Los personajes, todos encarnados por actores no profesionales, hablan de una forma que a los hispanoparlantes de otras regiones nos resulta extraño e incluso por momentos inentendible. Tanta es la diferencia entre el habla de los actores de la del público porteño que los organizadores del BAFICI decidieron proyectar la película con subtítulos en español.

 

La fotografía, desplegada con maestría por Pablo Paniagua, nos sumerge de lleno en la experiencia sensorial de estar en una mina. Bajo tierra no es posible percibir el movimiento del sol ni saber con exactitud si han pasado horas o minutos. Los planos de larga duración parecen afirmar que en la profundidad el tiempo corre más despacio que en la superficie. La oscuridad, presencia constante, envuelve a los hombres, los empequeñece y genera una sensación de constante claustrofobia. Incluso en los planos más abiertos la penumbra es tan negra que funciona como un doble encuadre.

 

Si bien el trabajo en la mina está reflejado en el film como una labor ardua y peligrosa, Russo no apela a los golpes bajos. Viejo Calavera no es un retrato de las desgracias de los mineros ni pretende mostrarlos como víctimas sufrientes. En el film el ocio y la recreación también están presentes a través de un viaje en el cual ellos nadan, cantan y beben. Al contrario de las escenas rodadas en los túneles, aquí la luz diáfana es parte de la escena. Tal vez aquí está uno de los componentes que distancia a está película de otras que tocan el mismo tema: Viejo Calavera tiene la virtud de introducirse en el mundo de los mineros pero sin deleitarse con su dolor.

 

Al filmar una película en clave de ficción con un protagonista de características negativas nos impide caer en la identificación y por ende en la compasión. La trama no nos fuerza a llorar pero no por eso es un relato desprovisto de sensibilidad. El guión, al igual que la fotografía, retratan un mundo subterráneo en el cual el paisaje es inhóspito pero que aun así hay pequeños momentos de luz.

Trailer

 

Título original: Viejo Calavera. Año: 2016 País: Bolivia- Qatar. Director: Kiro Russo Guión: Kiro Russo, Pepo Rezzari Fotografía: Pablo Paniagua Baptista Reparto: Julio César Ticona, Narciso Choque Calleta, Anastasia Daza López, Rolando Patzi. Productora: Socavón Cine Duración: 80 minutos.

Tutor, Quintín
Coordinadora Talent Press, Mariángela Martínez Restrepo

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