#BAFICI2017: Bitácoras (8), por Pablo Roldán Fernández

La vida en el Talents

Es el penúltimo día de eventos y el cuerpo va exigiendo un reposo contundente. Entre charlas y carreras para ver unas cuantas películas han pasado estos días donde el objetivo ha sido volcar esfuerzos para analizar el oficio de la crítica cinematográfica, con miras a buscar un mejor desarrollo de la misma. Los días pasan con la meta de volver mí diálogo con el cine una apuesta cada vez más sincera, propia y, también, liberadora.

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Salgo de una reunión que me deja con el deseo de fraguar proyectos que impliquen artículos impresos (objeto casi que en vía de extinción). El cerebro trabaja a mil buscando una forma/desarrollo de publicación que perpetúe el amor al cine de un colectivo de sensibilidades.

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Al entrar al siguiente evento: un fabuloso cóctel dirigido a los talents para integrarnos entre oficios, me encuentro con una mesa llena de quesos y unos baldes topados con cerveza (¡qué delicia!, esta es la vida que me merezco, pienso). Corro por los quesos, me como un par, doy la vuelta y ya hay un séquito de futuros talentos sudamericanos conociéndose (o mejor dicho: terminándose de conocer) entre ellos. Yo, que nací casi que impedido para el fluir en eso de la interacción social, me tensiono y calculo detalladamente todas las opciones que tengo ahora. “Ve por los colombianos”, me grita el cerebro. Naturalmente, la idea me resulta satisfactoria y a eso voy, a unirme con los de mi país.

Con ellos detecto que somos un grupo enorme y diverso, representamos a las principales (y tradicionales) regiones del país. El único inscrito como crítico: yo. Estaba entonces entre montajistas, directores, productores y una actriz. Discutimos puntos comunes en nuestras formaciones, películas diversas, temáticas afines, proyectos en desarrollo. Nos contagiamos cada uno del entusiasmo del otro. Pienso en los azarosos días de encuentro donde, cada uno desde su profesión, se enfrentó a una revisión contundente de su trabajo y herramientas de creación. 

Mi intención, que era acercarme a las semillas de las palabras y encontrar las rutas para poder ver en un film los criterios que lo van a destacar del montón, fue rebosada por una intersección de ideas que cada día se nutría más, ayudado siempre de extensos debates con mis compañeros. Las palabras destinadas a pensar qué es la crítica, para qué hacerla, para dónde va y cuál es lugar ahora nunca pararon. La reflexión del oficio fue primordial.

¿Soy ahora un crítico distinto al que pisó, por primera vez, Buenos Aires hace 5 días? Probablemente. La cabeza no dejó de descansar y espero que nunca lo haga.

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“¡Salud!”, me dice un compatriota estirando su mano con la cerveza. Le devuelvo la palabra y el gesto . Ahora me quedo en la conversación entre colombianos.

Se acaba el cóctel y salgo corriendo para el cine, la rutina por estos días. 

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