#BAFICI2017: Bitácoras (7), por Aldo Padilla

-Un semáforo cuyo reflejo muestra vagamente a un hombre caminando de cabeza. Un hermoso plano que me llevó a ver que con mucha espontaneidad y con un recurso muy simple es posible generar emociones y quedar en la retina como un pequeño tatuaje. Ese plano formaba parte de la sesión de cierre del Talents Buenos Aires, donde se mostraba un corto de un minuto que cada uno de los participantes envió. Un fuerte discurso visual resumido en un minuto, una declaración de intenciones sobre las preocupaciones de los 10 países participantes.

-Un hombre llega a una tienda de regalos, el otro lo mira mientras dice algo incomprensible, suena La oreja de van Gogh de fondo y el diálogo se intercala entre los dos murmullando partes de la canción, el hombre le pide trabajo con una mirada enamorada, el otro le pide el curriculum en video, no en papel. El ambiente onírico que destilaba el corto descrito, me llevó a entender las ganas desbordantes de una generación por hacer cine, ya sea filmando un sueño, o un plano fijo cual una fotografía móvil en la cual se plantean alguna problemática, ya sea medioambiental representado por muchos generadores eólicos con luces parpadeantes, o simplemente aprovechando el momento exacto como es el plano de una muñeca abriendo y cerrando los ojos debido a los vaivenes de un mini bus con una niña aferrada a ella.

-Una estación parte de las interminables líneas de metro de Sao Paulo se ve en un plano, gente esperando y abordando de manera indiferente, una hipnótica voz que irrumpe y que con voz de añoranza, una melancolía que solo la lengua portuguesa puede lograr, habla de cómo cambio las pequeñas ciudades en las que vivió por el sueño del monstruo lleno de oportunidades, la cámara recorre la ciudad, hippies, obreros bajo la lluvia, madres, un tren vacío y finalmente el punto de partida, el director sentado en el metro mirando a la cámara, en ese eterno movimiento de las ciudades grandes.

Este corto brasileño plantea precisamente las dudas y luchas de las personas que formaron parte de esta aventura llamada Talents, gente de pequeños lugares abrumada por la grandeza del aparato el cual debe enfrentar, la mayoría de ellos que deben dejar esos pequeños pueblos, ya que el campo audiovisual exige un centralismo, una movilización constante a esas grandes masas de gente y edificios, para formar parte del sistema, aunque precisamente la redención frente a algo que pareciera tan oscuro está en este tipo de instancias donde es posible convivir con pequeñas partes de esas masas de tan distintos y variados lugares, mezclarse y adquirir parte de esa esencia como una forma de enriquecimiento.

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